Día atípico para un concierto, pero el miércoles 4 de junio, la sala Mon de Madrid se convirtió en un epicentro de sonidos eclécticos y emociones intensas con un show que reunió a tres propuestas musicales únicas: Challenger, Prayers y Kat Von D. El público, expectante y diverso, llenó el recinto para disfrutar de una velada que combinó electrónica, hip hop y pop alternativo, con toques oscuros, en un ambiente cargado de energía.
Los primeros en subir al escenario fueron Challenger, la banda madrileña de electrónica supo esa noche ganarse un hueco con su sonido de corte ochentero. Con sintetizadores que evocaban a sonidos de otras épocas, desató una atmósfera nostálgica, transportando al público a los días de neón de los 80. Melodías que invitaban a dejarse llevar, música de sintetizadores que creaban un ambiente hipnótico, aunque en algunos momentos. Su set fue un aperitivo perfecto, calentando motores con un estilo retro que encajó a la perfección con la vibra de la noche. Challenger demostró que la electrónica madrileña tiene mucho que ofrecer, dejando al público con ganas de más.
A continuación, Prayers, la banda liderada por Rafael Reyes, esposo de Kat Von D, tomó el escenario con una propuesta que fusiona electrónica con toques de hip hop y una estética cholo-gótica que define su identidad. Originarios de San Diego, Prayers trajo una intensidad cruda y emocional que contrastó con la atmósfera más etérea de Challenger. Reyes, conocido como Leafar Seyer, se movía por el escenario con una presencia magnética, rapeando y cantando letras cargadas de vivencias personales sobre su pasado en las calles y su redención a través del arte. Canciones como «From Dog to God» y «Black Dove» resonaron con beats electrónicos oscuros y ritmos que invitaban a moverse, mientras las proyecciones visuales de calaveras y rosas añadían un toque teatral. La conexión de Reyes con el público fue inmediata, y su carisma elevó el ambiente a un nivel más visceral, preparando el terreno para el acto principal.

Finalmente, Kat Von D, la estrella de la noche, subió al escenario con un setlist que desató la euforia del público madrileño, como se reflejó en el cartel que anunciaba su actuación. Conocida mundialmente como tatuadora y empresaria, Kat Von D ha sabido construir una carrera musical que destila su esencia gótica y romántica. Desde unas pantallas, su voz, profunda y emotiva, con los primeros acordes de «All By Myself», una oscura versión del clásico de Eric Carmen, dio el inicio a una actuación muy esperada. Kat navegó por un repertorio que incluyó temas como «Vampire Love» y «Set Myself on Fire», donde mostró su versatilidad vocal y su conexión con el público. Con una escasa escenografía, la iluminación fue la máxima protagonista, luces violetas y rojas que creaban un ambiente íntimo, que complementó una estética oscura y elegante, mientras ella, vestida de negro, envolvía el ambiente de un aura mística.
Una actuación que se pasó demasiado rápida, casi como un suspiro lleno de emociones, que llegando a los minutos finales con «I Am a Machine», Kat Von D desató toda su energía, interactuando con el público y dedicando unas palabras de agradecimiento a Madrid por el cariño recibido. Su interpretación de «Black Leather» junto a su pareja Leafar Seyer, cerró la noche con una explosión de energía, dejando a los asistentes cantando y aplaudiendo durante minutos. Kat Von D no solo demostró su talento musical, sino que consolidó su lugar como una artista completa, capaz de emocionar y sorprender en un escenario que se rindió a sus pies.
Crónica y Fotos: @gelesfotografia











